Basta de pálidas

Hace muchos años que trabajo en la empresa. Durante todo este tiempo nos pasó de todo, de lo bueno y de lo malo. Inflación, lecop, patacones, plan austral, suba de precios, falta de mercadería, retenciones, tsunami de impuestos, competencia desleal, estatizaciones, privatizaciones, paro del campo, cacerolazos, cinco presidentes en una semana… Podríamos rellenar páginas y páginas. De hecho, en cualquier librería hay a la venta cientos y cientos de volúmenes que hablan de nuestra historia más cercana, la de recién, contada desde el punto de vista que cada uno prefiera.

De todas formas, cada día, cuando salimos a la calle, leemos el diario, prendemos la tele, nos golpean las noticias con datos oscuros de nuestra realidad. Cancheros como estamos (y así nos ven en el mundo), salimos a timonear el barco dando pelea a cualquier tormenta. Aunque la mayoría de las luchas las ganamos, a veces terminamos estropeados y hechos trizas. ¡Pero vivos!

Tenemos talento para dar batalla. Cintura para esquivar los golpes y, lo que es insuperable, un increíble ingenio para encontrar soluciones. Como decía esa canción viejísima, “lo atamos todo con alambre”. Pero lo atamos, nada queda flojo.

Por esto a veces no entiendo a mi gente cuando los escucho quejarse: que no hay ventas, que la calle “esta dura”, que la competencia es terrible, que no manejo sistemas, que se me rompió el auto y no puedo salir, que mi cliente no me paga porque no le dieron el crédito, porque una cosa es decirlo y otra es hacerlo…

¡Basta de pálidas, por favor! ¿Quién nos dijo alguna vez que en la vida todo va a ser fácil, regalado? ¡Nadie! ¿Por qué no nos sentamos a pensar, repensar y focalizar en lo que se hace, pero sobre todo, en lo que no hacemos?

Cuando las cosas no nos salen como queremos, atravesamos momentos críticos. No olvidemos, entonces, que cada crisis es una nueva oportunidad. Y cada oportunidad es un montón de caminos que se abren, listos para ser recorridos. Pensemos por un momento en las diferentes formas en que podemos andar un trecho: corriendo, saltando sobre un pie o con una soga, de cabeza, en bici, bailando, con patineta … como cada uno de nosotros se proponga y quiera.

Deberíamos mirar el negocio de la misma forma: cuando hay pocas ventas, estaría bueno probar con otros segmentos, planificar más visitas para ampliar nuestra clientela, ofrecer a los clientes de siempre esos artículos que nunca ofrezco porque estoy apurado, pensar en nuevas promociones y ofrecerlas.

Cuando pensemos que “la calle esta dura”, entonces pongámonos zapatos cómodos para ablandar los adoquines, pensemos qué vamos a ofrecerle a cada uno de nuestros clientes antes de visitarlos, aprovechemos esa visita de amigos.

Reacomodemos nuestra agenda y dejemos una tarde libre para una visita a ese posible cliente que venimos postergando porque “ no tengo tiempo”, para que finalizado el mes saquemos en limpio que de todas las conversaciones nuevas de esas tardes diferentes tengo tres, cuatro, diez nuevos clientes.

Si no manejo sistemas, ¿qué tal aprovechar a ese hijo adolescente que se sabe todo, una o dos horitas por semana, para que me enseñe? Y así, de paso aprovecho para saber cómo andan sus cosas, y creo un espacio de diálogo que me haga estar más cerca.

Que quede clarísimo: nunca digamos que “no se puede”.

Podemos conseguir todo aquello que nos proponemos. Lo que hace falta es tener la ambición necesaria para no desalentarnos al primer “no” y la voluntad para hacer las cosas.

Imaginación es algo que nos sobra. Eso está probado. Entonces pongamos todos nuestros sentidos a la orden de nuestro cerebro para poder redireccionar el negocio.

Sí, se puede.

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