Un homenaje al “primer auto coreano”.



A comienzos de la década de 1970, Hyundai Motor Company se propuso un nuevo desafío: crear un automóvil concebido y fabricado en Corea, capaz de responder a las necesidades de movilidad de un país en plena transformación y, al mismo tiempo, demostrar que la industria nacional podía competir a escala internacional. Bajo el liderazgo de su fundador, Ju-yung Chung, la empresa ya había sido pieza clave en la reconstrucción y modernización del país tras la Guerra de Corea, impulsando la creación de carreteras, fábricas e infraestructuras que sostendrían su rápido crecimiento económico. El siguiente paso natural era trasladar ese impulso al ámbito del automóvil, con un modelo que simbolizara el avance tecnológico de Corea del Sur.
Para dar forma al proyecto, Hyundai reunió talento y experiencia de distintos países: combinó ingeniería y producción locales con la tecnología mecánica de Mitsubishi Motors —basada en la arquitectura del compacto Lancer— y con el diseño del prestigioso estudio italiano Italdesign, dirigido por Giorgetto Giugiaro, responsable de iconos como el Volkswagen Golf o el Isuzu 117 Coupé.
Con el fin de adquirir experiencia práctica en el proceso de diseño y construcción de carrocerías, la marca envió a diez ingenieros coreanos a las instalaciones de Italdesign en Turín durante un año. Aquella formación permitió al equipo de Hyundai incorporar nuevos métodos de trabajo y establecer la base de su futura capacidad de desarrollo propio. El resultado fue un compacto eficiente y adaptado al entorno coreano, pensado para acercar el automóvil a un público cada vez más amplio en una etapa de intenso crecimiento urbano e industrial.
El Pony se presentó en el Salón del Automóvil de Turín en octubre de 1974, donde destacó como el primer modelo coreano exhibido en un evento internacional. Su producción comenzó un año después, en diciembre de 1975, en la planta de Ulsan —y se mantuvo hasta 1982—, con un nivel de fabricación nacional cercano al 90 % de sus componentes. En enero de 1976, inició su comercialización en Corea del Sur, marcando el inicio de una nueva etapa para Hyundai como fabricante integral.
Diseñado como un vehículo compacto de cinco plazas y carrocería hatchback, el Pony ofrecía un interior funcional y unas mecánicas eficientes, de fácil mantenimiento y bajo coste de operación. Su carrocería de líneas limpias y proporciones equilibradas proyectaba una imagen moderna y accesible. Además de la versión hatchback, la gama incluyó variantes sedán, pickup y Wagon, destinadas en su mayoría a los mercados de exportación, lo que reforzó su vocación global desde los primeros años. La facilidad de reparación y la durabilidad fueron claves para su popularidad en un país donde la red de servicios todavía estaba en desarrollo.
El modelo destacaba por su versatilidad interior, con asientos traseros abatibles —divisibles en dos mitades a partir de la segunda generación— y un asiento del acompañante completamente reclinable. El portón trasero podía desbloquearse desde el puesto del conductor, y todos los controles eran analógicos, reflejando la simplicidad y el enfoque funcional de su tiempo.
El desarrollo del Pony supuso un punto de inflexión en la capacidad técnica de Hyundai Motor Company. Para adquirir conocimiento práctico, los ingenieros coreanos desarmaron un vehículo de muestra y aplicaron técnicas de ingeniería inversa, con las que rediseñaron la suspensión, la dirección, los frenos, los soportes del motor y el sistema de escape. Este proceso formativo permitió al equipo comprender en profundidad la arquitectura del automóvil y sentar las bases para futuros proyectos desarrollados íntegramente en Corea.
