Gérmenes en el evaporador

Polvo, polen, esporas, humo y hollín, restos de abrasión de frenos y ruedas, ozono y otros gases, combinaciones de benceno y azufre: la lista de sustancias insalubres y tóxicas en el aire que respiramos es larga. Tanto más elevadas son las exigencias que deben satisfacer los filtros de habitáculo. Un filtro de turismo debe purificar hasta 100 000 litros de aire cargado por hora; los filtros de camión alcanzan incluso cinco veces ese volumen.

A fin de cumplir con esta ingente tarea, los filtros de habitáculo modernos están equipados con agentes filtrantes altamente activos. Por regla general, estos están dispuestos en varias capas: entre dos capas de fieltro de alto rendimiento se aloja una capa de carbón activo. Aquí, las tareas están claramente asignadas: el fieltro retiene el polen, las partículas y otras materias sólidas, mientras que el carbón activo recoge además sustancias nocivas gaseosas como el ozono, olores, óxido nítrico, así como moléculas de vapor de agua o gasolina y las acumula.

La capacidad de filtrado y de acumulación de un filtro de habitáculo se define con exactitud en el pliego de condiciones del equipamiento original. Dependiendo de cada fabricante de vehículos, la duración de un filtro de habitáculo asciende a 30 000 km o dos años. Sin embargo, debido a la elevada carga microbiológica se recomienda cambiar el filtro una vez al año como mínimo.

MAHLE

Evaporador

Estos cálculos se refieren a la capacidad de filtrado pura, es decir, la aspiración y separación del aire ambiente en condiciones normales. No obstante, en la práctica, el filtro de habitáculo cuenta con un obstáculo nada desdeñable: el evaporador, una parte del sistema de climatización con el que se refrigera el aire dentro del habitáculo. En sus abigarrados nervios de refrigeración se condensa la humedad del aire ambiente. Esta agua condensada por sí misma es totalmente inocua. Sin embargo, si debido a un cartucho de filtro de baja calidad (filtro barato) o a un filtro viejo y muy contaminado se forma una elevada carga de gérmenes, esta puede provocar rápidamente la proliferación de hongos. Estos se combinan sobre la superficie húmeda del evaporador con otros microorganismos diversos convirtiéndose en sedimentos vivos. Esta insalubre colonización no se hace notar hasta que no brota de las rejillas de ventilación un desagradable olor a podrido. Otro indicio de alarma puede ser la picazón en ojos y nariz.

 

Carbón activo

El método más eficaz contra la contaminación del habitáculo del vehículo sigue siendo el cambio periódico del filtro del habitáculo. Si bien existen enfoques para convertir los filtros de habitáculo en antibacterianos mediante diversos recubrimientos, estos han demostrado su absoluta ineficacia tanto en ensayos como en pruebas prácticas. Durante el filtrado y la adsorción de sustancias tóxicas, tienen lugar procesos de oxidación que hacen que el carbono en el núcleo del filtro se consuma gradualmente. Entonces este ha cumplido su misión y debería ser sustituido. Cuando de las rejillas de ventilación brota un olor desagradable, es una señal clara de que este cambio ya debería haberse realizado. En ese caso también debería limpiarse el entorno que entretanto se ha ido contaminando y ensuciando, en particular el evaporador. Si esta limpieza se demora demasiado, existe el riesgo de que deba sustituirse por completo el evaporador, con el consecuente gasto para su cliente.

 

Mantenimiento preventivo

 

La única protección segura es un intervalo de cambio voluntariamente más corto del filtro del habitáculo, idealmente dos veces al año:

* En primavera: para eliminar la suciedad acumulada en el filtro durante la época más fría del año. Así, el sistema de climatización puede trabajar de forma eficiente y “respirar” durante el verano.

* En otoño: para eliminar el polen y las sustancias nocivas acumuladas en el verano. De este modo, durante la época fría del año se puede utilizar toda la potencia de calefacción y las lunas se desempañan rápidamente.

Como complemento puede proporcionarle a su cliente los siguientes consejos prácticos:

* La regla de los 20 segundos. Si el coche está estacionado al sol, abrir primero todas las ventanas para disipar el calor acumulado. Entonces es cuando se puede conectar el sistema de climatización y cerrar las ventanas. Esto permite ahorrar mucha energía, protege el sistema de climatización y reduce el tiempo de enfriamiento hasta una agradable temperatura en el habitáculo.

* La regla de los 8 grados. En el sistema de climatización del vehículo, la temperatura dentro del habitáculo debería ajustarse máximo 8 °C por debajo de la temperatura exterior. En concreto esto quiere decir que si fuera hay 30 °C, el sistema de climatización debería ajustarse a no menos de 22 °C.

* La regla de los 10 minutos. Unos diez minutos antes de llegar a destino debería desconectarse el sistema de climatización y ajustarse la ventilación a aire exterior. De este modo no solo se evita el choque térmico al apearse del vehículo, sino que se seca el agua condensada en el evaporador y los canales de aire, se priva de humedad a hongos, bacterias y levaduras y se frena claramente su crecimiento.

* La regla de los 2 años. Es conveniente realizar cada dos años un mantenimiento del sistema de climatización. Solo así se garantiza que el circuito de refrigerante contiene el volumen adecuado de refrigerante y aceite, lo cual es una condición previa necesaria para una potencia frigorífica máxima y una larga vida útil del compresor.