La analogía de la escalera

Cada mejora en la empresa es un desafío que consiste primero en identificar “qué cambiar” y luego “hacia qué cambiar”.

 

 

Business man climbing up on hand drawn graphs concept on background

No hay que saltear “escalones”, ya que se corre el riesgo de que un “tropezón” anule todo el proceso.

Una vez que en una empresa se identifica “qué cambiar”, comienza el trabajo de “como cambiar”. Ahí es donde la analogía de la escalera puede ayudar.

Imaginemos una escalera física, por la que se quiere alcanzar una altura superior.

Lo primero que se ve es que sus escalones son elementos esenciales que sirven para ir hacia arriba.

También se observa que, si la distancia entre sus escalones es demasiado grande, se hará muy dificultoso su uso.

En cuanto a la utilización en sí, siempre es conveniente subir los escalones de a uno, ya que al saltearlos aumenta el riesgo de tropezarse y no poder lograr el ascenso.

También se hace necesario pisar con firmeza cada escalón, para poder intentar el siguiente. En la medida que esto se da, aumenta la seguridad del proceso.

La velocidad del ascenso será consecuencia de lo anteriormente descripto: es efecto y no causa en el acto de subir.

Una vez lograda, la altura alcanzada no debe estar por encima del sentido común respecto de poder hacer equilibrio con el menor grado de riesgo posible. De qué serviría ascender para caerse desde lo alto.

Hasta allí el proceso de subir por una escalera física.

¿Y si lo aplicamos al ascenso pretendido en cada mejora empresaria? Sería de gran ayuda para organizar el “cómo cambiar” y disminuir las posibilidades de error.

Será cuestión entonces de:

  1. Identificar adecuadamente los estados intermedios del cambio (escalones).
  2. Planear la “distancia” entre esos “escalones”, tanto en tiempo como en otros recursos.
  3. No saltear pasos ya que se corre el riesgo de que un “tropezón” anule todo el proceso.
  4. Lograr con firmeza y seguridad cada paso intermedio para encarar el siguiente.
  5. Entender a la velocidad del cambio como efecto de lo anterior y no como causa de cada acción. La frase de Napoleón describe muy bien este hecho: “Vísteme despacio, que estoy apurado”.
  6. Una vez alcanzada la meta del cambio, la nueva posición debe estar acorde con las otras realidades de la empresa, ya que el sistema para funcionar con la mayor productividad posible debe “aumentar en equilibrio”.

Como se observa, la analogía es útil para entender mejor y por ende resolver con mejores posibilidades de éxito cada cambio en la siempre difícil gestión empresarial, donde estar abiertos a cierto espíritu innovador con métodos no tradicionales se va transformando cada vez más en una necesidad.

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