La mujer: motor de la familia empresaria

Por Fernando Colombo

La empresa familiar, como toda organización, tiene características particulares. Una de las características que aparece como neurálgica es la de una identidad única determinada por su origen, con muchos desafíos a resolver que son distintos a los de otro tipo de empresa; pero lo que transforma a la compañía en una organización imbatible es el rol fundamental de uno de sus componentes: la mujer empresaria.

La fórmula del éxito en la empresa familiar es sencilla: rentabilidad + armonía en la familia. Ambas variables van de la mano, no se alcanza una sin la otra. Para lograr el equilibrio en esta ecuación quienes la componen deben acostumbrarse a un nuevo concepto, pasar de ser una familia tradicional, unida por su pasado y su historia, a ser una familia empresaria, marcada por un futuro, un objetivo en común.

Hoy las mujeres son multifacéticas: madres, amas de casas y profesionales que apuntan al desarrollo personal.

Hoy las mujeres son multifacéticas: madres, amas de casas y profesionales que apuntan al desarrollo personal.

¿Cómo lograr esto que parece tan sencillo de una manera no traumática? Con la presencia femenina. En la actualidad, la actividad de la mujer en la empresa presenta una serie de exigencias marcadas por el concepto y los estereotipos culturales de la femineidad en la cultura latina. Habiendo ganado lugares como profesional y directiva, quiere a su vez cumplir con aquellas funciones familiares que le fueron asignadas como eje del hogar. Hoy las mujeres son multifacéticas: madres, amas de casas y profesionales que apuntan al desarrollo personal.

Omnipresentes y necesarias. Los personajes femeninos de las empresas familiares son claro ejemplo de lo anterior. Generalmente, suele ser la esposa del fundador la que aporta el equilibro y actúa de mediadora en las discusiones familiares y empresariales, que obstaculizan el desarrollo del proyecto en común. Un toque cálido y un modo de actuar discreto, casi invisible, pero esencial y fundante.

Por su parte, las hijas del fundador suelen ser más exigidas que los hijos varones, tienen que demostrar en la organización que saben mandar, que tienen carácter, que son capaces de hacer lo que ellos hacen en la empresa; socialmente, el “tener carácter” es, para el hombre, una situación natural, es por eso que todo el mundo se sorprende cuando el varón fracasa.

Se pone de manifiesto en determinadas circunstancias lo visceral de la mujer en contraposición de lo racional de lo masculino. Y se establece que una dosis de ambas cosas deben tener una buena convivencia.

Seguramente debe ser muy diferente ser la hija profesional y exigida del fundador, a ser la madre de sus nietos. Es una cuestión de juego de roles. La esencia es la misma, varia el contexto y la forma.

Encontramos a la mujer que prioriza la familia, otras que ponen varios escalones hacia arriba a la empresa y otras que tratan de ocuparse de todo. Uno como ser humano tiene la posibilidad de elegir, eso sí, no existe opción correcta, todo es subjetivo.

Y en esta relación es donde la mujer debe despojarse de la carga del “mandato familiar” y encontrar el propio equilibrio en cada etapa de su vida. Ya sea dentro o fuera de la empresa. Es en el disfrute particular del desarrollo de cada uno de sus roles donde la mujer alcanza tanto brillo que deja estelas de luz por donde pasa.

 

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