Rubicon Trail

Es el sendero off-road más famoso de EEUU. Lo recorrimos en dos días con el nuevo Jeep Wrangler Rubicon. Un interminable crash test, a 3 km/h de promedio.

Desde Lake Tahoe (Estados Unidos) – Cuando me invitaron, me dijeron que sería una travesía off-road por las montañas de Nevada y California. Nunca imaginé que sería un crash test interminable de dos días, a sólo 3 km/h de promedio, golpeando una y otra vez contra las rocas al nuevo Jeep Wrangler Rubicon.

El nuevo Wrangler JL se lanzará a la venta en la Argentina el año que viene y Lubri-Press ya lo manejó por caminos de Arizona. Pero el Rubicon es otra cosa: es la versión más extrema del Wrangler, diseñada sólo para fanáticos del off-road. Y está bautizada en homenaje al sendero 4×4 más famoso de Estados Unidos: el Rubicon Trail.

 

Lanzamiento para América Latina del Jeep Wrangler Rubicon en el Rubicon Trail. En primer lugar, el Rubicon Sport blanco de Lubri-Press y La Voz del Interior.

El Rubicon Trail se encuentra justo en el límite entre los estados de California y Nevada.

Cuarenta medios de América Latina fueron invitados a la presentación regional del Wrangler Rubicon y Lubri-Press estuvo ahí.

La travesía comenzó un martes de agosto bien temprano en el Hotel Ritz-Carlton de Lake Tahoe, en California. En el estacionamiento de este centro de esquí había 20 unidades del Rubicon para elegir: tres puertas (Sport), cinco puertas (Unlimited), con techo fijo, desmontable (hard top) o de lona (soft top). Algunas unidades tenían accesorios especiales, como neumáticos más grandes. A unos les habían desmontado las puertas y a otros les habían bajado el parabrisas (el Wrangler es el único auto del mundo que aún hoy permite hacer esto, con apenas un juego de llaves Torx).

Todos tenían el motor Pentastar V6 3.6 naftero (285 cv y 350 Nm), con caja automática de ocho marchas y reductora.

Elegí un Rubicon Sport Hard Top de color blanco. Y lo compartí con mi colega del diario cordobés La Voz del Interior, el periodista y piloto salteño de enduro, Elvio Orellana. Por supuesto, antes de salir, desmontamos el techo de fibra y lo guardamos en el baúl. Así se debe disfrutar un Jeep: descapotado.

¿En qué se diferencia un Rubicon de un Wrangler común? Por empezar, tiene dos ejes Dana 44, diseñados para trabajo pesado (“heavy duty”). También tiene una caja de transferencia más corta en la reductora (4:1, contra 272:1 del Wrangler común). Las trochas también son seis centímetros más anchas. Y viene de serie con neumáticos BF Goodrich AllTerrain 285/70R17.

Es un sendero off-road de 20 kilómetros de extensión. Es el único con Level 10 de exigencia en Estados Unidos.

Y le dio el nombre al Jeep Wrangler más extremo: el Wrangler Rubicon.

No es un Wrangler común. El Rubicon tiene muchos detalles exclusivos.

Fueron en total 40 kilómetros de recorrido (Rubicon Trail de ida y vuelta), en doce horas netas de manejo.

Reductora con relación 4:1, Sway Bar y bloque de diferenciales delantero y trasero.

La Sway Bar permite desconectar la barra estabilizadora delantera, para ganar mayor recorrido en la suspensión.

El Rubicon viene de serie con estos brutales BF Goodrich.

Otro detalle exclusivo: paragolpes delantero en acero, diseñado para anclar un malacate.

En los laterales, los Rubicon se diferencian por los stickers sobre el capot, pero también por unos rieles negros de hierro, que protegen la parte baja del chasis de largueros: son los Rock Rails Body Armour, pensados para golpear contra las piedras y proteger el resto del vehículo.

Desde el puesto de conducción, además, se pueden ajustar dos modos de conducción exclusivos del Rubicon: bloqueo en los dos ejes (en el Wrangler, sólo en el tren trasero) y Sway Bar. Se trata de un mecanismo eléctrico, que permite desconectar la barra estabilizadora delantera. Así, se gana recorrido en la suspensión, para que las ruedas no pierdan contacto con el piso (ni capacidad de tracción), incluso durante el cruce de ejes más bestial.

Bestial: así es el recorrido del Rubicon Trail. Son 20 kilómetros de recorrido por los valles y montañas que rodean al Lago Tahoe y que corren junto al Río Rubicon. Los expertos en off-road catalogan los senderos con un puntaje del uno al diez. El Rubicon Trail es el único de Estados Unidos de Level 10. Esto significa que no hay un camino más difícil por donde pueda transitar un vehículo de cuatro ruedas.

Me gusta manejar fuera del asfalto. Mi familia en el campo me enseñó a conducir en el barro. Todos los veranos me divierto con vehículos de todo tipo en los médanos. En los últimos tiempos tuve experiencias muy copadas en la nieve. Pero mi superficie favorita es el ripio, sobre todo ese canto rodado patinoso y exigente, de la Patagonia argentina. Todos ellos tienen un punto en común: cuando avanzás a buena velocidad, tenés que llevar el volante con la punta de los dedos. El vehículo viaja casi despegado del suelo, desliza todo el tiempo y tenés que jugar con el balanceo y las inercias, mucho antes de llegar a cada curva. A ese ritmo, nunca tenés el control total sobre el vehículo. Me encanta.

El Rubicon Trail no se parece a nada de eso: es un shock de adrenalina en cámara lenta. Se avanza todo el tiempo con la reductora conectada, usando sólo las tres primeras marchas y con el bloqueo activado en los dos ejes. En esas condiciones, el auto se vuelve algo torpe y los radios de giro se agigantan. Acá el desafío no es entrar con el auto balanceado en cada curva. El juego consiste en tener la mayor cantidad posible de tiempo, la mayor cantidad de ruedas apoyadas sobre el suelo. No se trata de tener la mejor técnica de derrape controlado. El objetivo es golpear lo menos posible el vehículo.

Lo cual es imposible. El Rubicon Trail es lo más parecido al sendero de un rebaño de cabras. Hay piedras enormes, escalones altísimos y rocas filosas a cada paso. Siempre en pendiente, subiendo o bajando, esquivando árboles y precipicios.

Rock Rails, rayados, golpeados y despintados. Para eso sirven: para proteger al vehículo de los choques contra las piedras.

Todas las unidades tenían el Pentastar V6, con caja automática de ocho velocidades y reductora.

Techos fuera. Un Wrangler se disfruta descapotado. Y, si hay una llave Torx a mano, sin puertas también.

Así quedó el cubrecárter del Wrangler de Lubri-Press.

Son pendientes que los guías tienen que subir usando pies y manos, en cuatro patas.

Los guías son los custodios del Rubicon Trail. Conocen cada piedra del recorrido. Y, en los tramos más complicados, tenés que olvidarte del camino y fijar tu mirada en sus manos. Centímetro a centímetro, con movimientos de los brazos, te van indicando dónde poner con exactitud cada rueda.

La coreografía, muchas veces, viene acompañada de golpes secos y chirridos. El nuevo Wrangler Rubicon tiene un despeje del suelo de 28 centímetros, un ángulo de ataque de 44 grados, 37 de salida y 28 central. Así y todo, es normal fondear contra alguna roca.

Los Rock Rails protegen el chasis, pero así y todo alguna piedra impacta contra el cubrecárter. Todos los Rubicon de la caravana terminaron con el silenciador abollado y la salida del escape achatada, como la boca de un pato.

Con el primer golpe seco te querés morir. Pensás que rompiste el auto. Que te van a arrancar el volante de las manos y te van a subir en el primer vuelo rumbo a Ezeiza. El estruendo resuena en el bosque de coníferas, pero nadie se espanta. El guía te dice: “Beautiful, excellent, nice drive…”

La banda de sonido del Rubicon Trail es una orquesta de V6 y aceros cascoteados.

Después de 19 kilómetros y seis horas de manejo, a una velocidad media de 3.16 km/h, llegamos por fin a Rubicon Springs. Es una cascada en un valle. Era el punto de encuentro de las tribus aborígenes de hace dos siglos. Y hoy es la Meca de todos los fanáticos del off-road. Así te lo hacen sentir cuando llegás: te reciben con un balde helado, lleno de botellas de cervezas.

Silenciador abollado y salida de escape con restyling “boca de pato”.

Llegada al campamento en Rubicon Springs. Que comience la música.

Los autos están listos para la segunda etapa.

Es hora de darse un baño en el río. Fue muy lindo manejar en el Rubicon descapotado, pero tengo tierra metida hasta debajo de las axilas. El campamento ya está montado: una carpa individual para cada uno, con catre y bolsa de dormir. Cena bajo la luz de las estrellas y fogón.

Un músico toca el piano como si estuviéramos en un Saloon del Western. Un guitarrista rasguea  junto al fogón. Suenan clásicos de Johnny Cash y The Eagles. Hasta que un argentino expatriado agarra las cuerdas y entona esa de Sui Generis que sabemos todos, aunque hoy suena diferente. Parece inspirada en nuestra nueva técnica de conducción: “Y rasguñas las piedras”.

Una noche a orillas del Río Rubicon.

Carpas personalizadas.

Catre, bolsa de dormir y el sonido del bosque.

“Y rasguña las piedras”.

Los guías (izquierda) ayudan a colocar cada rueda en el lugar indicado, en las zonas más trabadas.

Soñé toda la noche con los ruidos del bosque. Los monstruos de mis pesadillas eran búhos y lobos que me robaban la señal del Wi-Fi. Llevo 24 horas sin teléfono ni internet. La naturaleza salvaje es implacable cuando se propone desconectarte.

Me despierta el ruido ancestral de un palito golpeando un triángulo de hierro. Parece la campana de la escuela. Es la hora del desayuno. Son las 6:30 de la mañana y nos prometieron que, al mediodía, estaríamos de regreso en el hotel (“horrible, horrible, civilización”).

Desayuno americano a las 6:30 AM.

Otra vez a los autos, pero hay un pequeño detalle: nunca nos aclararon que había que hacer todo el camino de regreso. Tenemos que pasar, una vez más, por todas y cada una de las piedras. Pero ahora en subida, cuando era en bajada. El ritmo es más lento todavía. Los golpes de los autos contra las piedras se hacen más frecuentes. Pero ya no me importa nada. Si no me retaron a la ida, menos aún lo harán a la vuelta. Si no rompí el auto en bajada, no creo que lo haga en subida.

Se me ocurre, por primera vez, mirar la computadora de abordo: marca un consumo promedio de 21 litros cada 100 kilómetros. Pero es mucho más. En apenas once kilómetros (pero con seis horas de uso), el V6 gastó un cuarto de tanque, en una distancia parecida a la que separa la General Paz del Obelisco.

Así y todo, es inevitable fondear contra las piedras.

El único auto moderno que, con equipamiento de serie, puede completar el Rubicon Trail.

Pongo música para amenizar la mañana. Afuera sigue el ritmo constante de golpeteos, chirridos y “very good, sweet drive”.

Recién entonces lo comprendo. El Rubicon Trail puede ser uno de los senderos más difíciles del mundo, pero no requiere ninguna técnica especial de manejo. Sólo hay que avanzar despacio, evitar los golpes fuertes y acelerar sólo lo justo y necesario: la rueda encara la piedra, le entrega su abrazo de caucho y la pasa por encima, buscando la roca siguiente.

Fueron en total 40 kilómetros de recorrido, en doce horas de manejo.

En el camino nos encontramos con muchos otros fanáticos haciendo este sendero. Manejaban pick-ups muy tuneadas, con gran despeje del suelo y neumáticos gordos como piñatas. También nos cruzamos con varias cuadrillas de cuatriciclos. Y hasta un loco en una mountain bike eléctrica.

Sin embargo, nuestros Wrangler Rubicon son los únicos stock de la comarca. Algunos tienen accesorios especiales, pero la mayoría -como mi Sport blanco- recorrieron el camino tal como salieron de fábrica. Ni siquiera le modificamos la presión a los neumáticos.

No conozco ningún otro auto que hoy salga de fábrica en condiciones de hacer esta misma travesía. Cuando, por fin, salí del sendero, los guías me felicitaron. No fue mérito mío. Cualquiera, con sólo un poquito de cuidado y mesura en el acelerador, puede recorrer el Rubicon Trail con un Wrangler Rubicon.

Lo dije muchas veces en Lubri-Press.

Y estoy más convencido que nunca: quiero uno.

C.C.

 

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